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VIDAS DEPORTADAS

Una coproducción de Televisió de Catalunya y de Camille Zonca para el programa 30 MINUTS, con el apoyo de la beca DevReporter de LaFede.cat.



Más de 11.000 personas fueron deportadas desde España en 2019 porque se encontraban en situación administrativa irregular. Esta medida interrumpe proyectos de vida y hace que las personas amenazadas por la expulsión enfrenten un miedo constante.

El reportaje transcurre entre Senegal y Cataluña, y explica las historias de las personas que, por un lado y por otro, viven las consecuencias de un sistema de políticas migratorias que impone la amenaza de la deportación.


En  Serigne Beye  reside en Touba, el Senegal . Y es una de tantas personas que intentó llegar a Europa para ayudar a su familia. Pero fue deportado. Persistió, y la segunda vez que intentó el viaje llegó a Málaga. Más tarde se instaló en Barcelona, donde echó raíces. Los Castellers de la Sagrada Família fueron una segunda familia para él. Estudió catalán y también un curso de farmacia, pero no logró encontrar trabajo y tuvo que marcharse. Todavía conserva amigos en Cataluña, con quien se escribe a menudo.

«En Barcelona pude estudiar y aprender catalán. Hice un curso de preparación para poder acceder a la formación profesional. Y obtuve, a los dos años, un título de farmacia. Cuando acabó el curso tenía el título, y tampoco tuve suerte de tener trabajo».

En  Bada Ndiaye  pasó siete años en Valencia. Salía poco, por miedo. Pero finalmente fue deportado después de visitar a unos amigos. Ahora, en Rufisque, una ciudad de la región de Dakar (Senegal), recuerda con añoranza su vida en Europa. Bada Ndiaye fue deportado en uno de los vuelos preparados exclusivamente para la expulsión de personas migrantes y rememora cómo pegaron a otra persona expulsada, a pesar de no ofrecer resistencia.



El sobrino de Fatima Gieyed  también fue deportado. Ella reclama que dejen devolver al joven, que ahora mismo vive en Marruecos, un territorio que no conoce porque llevaba más de doce años viviendo en Catalunya. Ahora tiene 25: no sale de la habitación.

Las historias se suceden: la deportación derrumba los proyectos de vida de las personas. Las deportaciones son un mecanismo administrativo que actúa como amenaza. Así lo describe Ainhoa Nadia Douhaibi Arrazola, coautora del libro «Paramos los vuelos» .

«Las deportaciones son un dispositivo de racismo de estado que consiste en el castigo de expulsión forzada de personas sobre todo provenientes de lo que podríamos llamar las «ex colonias» o de estados que no son miembros de la Unión Europea.»

Los vuelos dedicados exclusivamente a las deportaciones desde España están operados actualmente por Air Nostrum y Grup Barceló . Tienen un contrato público de 10 millones de euros para operarlos, que antes ha estado en manos de Air Europa y Swiftair. La Policía Nacional desarrolló un protocolo de actuación para los vuelos de deportación en 2007, tras la muerte de Osamuyia Aikpitanhi , un joven de 23 años, en un vuelo de deportación. Así lo explica Douhaibi:

«A raíz de las diferentes situaciones de violencia, e incluso de muerte, que ha habido en los procesos de deportación, tuvieron que incluir un apartado en el que se indicaba a la policía que los métodos coercitivos no podían poner en juego las constantes vitales de los deportados. Dicho de forma llana, se está indicando a la policía que recuerde que no puede matar».

Hasta ahora, los tribunales españoles han aplicado los más restrictivos criterios marcados por la normativa europea. Una sentencia reciente del Tribunal de Justicia de la Unión Europea asegura que deben seguirse los criterios de proporcionalidad incluidos en la ley española, y que no debería expulsarse a personas que tienen arraigo . El magistrado del juzgado de lo contencioso administrativo 17 de Barcelona, Frederic Vidal Grases, cree que, siguiendo las líneas marcadas por la UE, las leyes se endurecerán:

«A largo plazo, la legislación española sobre extranjería deberá modificarse. Porque ya nos lo dijo la sentencia del 2015, que la legislación española no se adecua exactamente a la legislación europea. El problema es que me temo mucho que se modificará a peor, porque los tiempos que corren son más bien indicativos que vamos al revés de cómo deberíamos ir.»



Todo indica que las deportaciones se seguirán sucediendo con tanta o más firmeza. Por este motivo, varias personas que han sido deportadas intentan dar respuesta a las consecuencias psicológicas, sociales y económicas que provocan las deportaciones.  Moustapha Diouf intentó llegar a Europa hasta en tres ocasiones, para intentar mejorar la situación económica de su familia. Ninguno de estos intentos prosperó. Después de desistir de la migración, el Moustapha Diouf creó una entidad con otras personas que habían intentado su viaje a Europa.  La situación que explica Diouf  no es aislada, así lo corrobora la investigadora Aminata Beye, de la Universidad Assana Secke de Ziguinchor (Senegal). Beye considera que los deportados no reciben asistencia psicológica después del duro proceso que enfrentan.

El miedo a la deportación también fue el centro de la vida de  Marie Faye  hasta que logró regularizar su situación gracias a la creación de la cooperativa Diomcoop, formada por exvendedores ambulantes y de la que ahora es la presidenta.

«No podía hacer nada divertido… No lo pasé muy bien. No salía con amigos, ni a restaurantes, ni iba de fiesta como toda la gente de mi edad en ese momento. No podías tener amigos, no podías tener nada . Tenías que vivir como un poco escondida, trabajando de lo que fuera, porque aparte del top manta trabajé haciendo limpieza, de canguro… de lo que salía en cada momento. Aquello no era vivir».



Un reportaje de Sonia Calvó Carrió, Yeray S. Iborra y João Francia.
Realización e imagen: Lucía Venero, Aïda Torrent, Raúl Cuevas y Vanessa Alami.
Sonido directo: Gianni Quarta, Dani Lacasa.
Montaje: Xavier Artigas
Producción ejecutiva: Albert Baquero.

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